Archivo de Julio 2008

Ese tiempo se hace eterno

Julio 1, 2008

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Por J.J. Sarabia

Yo sé que muchos relacionan la eternidad con el cielo y el infierno (recompensa y castigo); pero hoy les vengo a compartir una eternidad más cercana, una que se da aquí mismo, en la tierra. Es una eternidad igual de compensatoria o justiciera que la eternidad divina; es aquel molesto y pausado tiempo comprendido desde la pensión (si es que la logras), hasta el día en que lo visten a uno de gala para meterlo en un cajón.

Ese tiempo se hace eterno. Tú comienzas a eliminar los espacios sociales. Al principio visitas a tus compañeros de trabajo, pero ellos tienen una familia a quién dedicar su tiempo; luego, abordas la vieja y arcaica agenda escolar y te enteras que muchos de tus compañeros se han marchado del país, o del mundo. Después, te resignas a no salir de la casa, la cual comienzas realmente a conocer a partir de esa época, al igual que empiezas a conocer verdaderamente a tú familia. Y por último, terminas sentado todo el día en un sillón, de esos que tus hijos recordarán como “el favorito del abuelo”, con una almohada en el espaldar o, mirando a través de las sucias ventanas que dan al mundo de la calle; pero al poco tiempo ni si quiera a las ventanas te acercas porque te aburriste de observar a nuevas personas en la cuadra que posiblemente son los hijos de los hijos de los hijos del compadre que ya no te va a visitar.

 Y ahí comienza la eternidad. Empiezas a visitar al médico cuantas veces lo rechazaste cuando estabas lozanamente enfermo; los periódicos y las revistas, a los que tanto dedicaste tiempo cuando tu familia necesitaba estar contigo, ya no te interesan, y tus hijos ahora están en su casa con los nietos y la nuera, motivo por el la cual te visitan de vez en cuando.

Pero no falta el soltero en la familia o la nuera solidaria que te recibe en su cálido hogar. Y comienzas a vivir entonces esa eternidad, pero una eternidad que se hará más corta al lado de otras personas.

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